La apuesta energética de la IA: los centros de datos impulsan el auge del gas natural

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El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) está impulsando un aumento sin precedentes en la demanda de gas natural, a medida que los gigantes tecnológicos compiten por asegurar energía para sus enormes centros de datos. Esta tendencia, impulsada por el miedo a perderse algo (FOMO), está dando lugar a inversiones agresivas en infraestructura de gas natural, lo que genera preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo y las posibles repercusiones económicas.

La carrera por el poder

Empresas como Microsoft, Google y Meta están construyendo o ampliando rápidamente plantas de energía de gas natural para impulsar sus operaciones de inteligencia artificial. Microsoft se está asociando con Chevron y Engine No. 1 para una planta de 5 gigavatios en el oeste de Texas, mientras que Google está colaborando con Crusoe en una instalación de 933 MW en el norte de Texas. Meta está agregando siete nuevas plantas de gas natural a su centro de datos Hyperion en Luisiana, lo que eleva su capacidad total a 7,46 GW, suficiente para alimentar a todo un estado.

Esta inversión concentrada en el sur de Estados Unidos, donde existen abundantes reservas de gas natural, subraya la urgencia de asegurar una fuente de energía confiable. El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que una sola región tiene suficiente gas natural para abastecer a toda la nación durante casi 10 meses.

Tensión en la cadena de suministro y costos crecientes

La rápida expansión ya está poniendo a prueba la cadena de suministro de turbinas de gas, y se espera que los precios aumenten un 195% para finales de 2024 en comparación con los niveles de 2019. Los plazos de entrega de las turbinas se han disparado a seis años, lo que significa que las empresas están haciendo apuestas a largo plazo para que el gas natural siga siendo una solución energética viable.

Esta dependencia supone que las demandas energéticas de la IA seguirán creciendo exponencialmente y que el gas natural seguirá siendo un componente necesario para el éxito en la era de la IA. Sin embargo, esta suposición puede resultar miope.

Vulnerabilidades en el mercado del gas natural

Si bien Estados Unidos se beneficia de suministros de gas natural relativamente estables, el crecimiento de la producción en regiones clave de esquisto se ha desacelerado. Las empresas de tecnología no han revelado los detalles de sus contratos de energía, lo que las deja expuestas a fluctuaciones de precios y posibles interrupciones.

Incluso con contratos de precio fijo, los gigantes tecnológicos aún podrían aumentar los costos de la electricidad evitando la red pública y conectando sus plantas directamente a sus centros de datos. Este enfoque “detrás del medidor” sólo traslada la presión a la red de gas natural, impactando potencialmente a otras industrias y consumidores.

Riesgos más allá de la economía

La dependencia del gas natural expone a las empresas tecnológicas a shocks externos, como fenómenos climáticos severos. Un invierno frío podría abrumar los suministros, lo que obligaría a tomar decisiones difíciles entre alimentar centros de datos y calentar hogares. La helada de Texas de 2021 sirve como un claro recordatorio de esta vulnerabilidad.

Otras industrias, en particular aquellas que no pueden hacer la transición a las energías renovables, pueden resistirse a que las empresas tecnológicas acaparen un recurso finito. Las plantas petroquímicas, por ejemplo, no pueden cambiar fácilmente a la energía eólica o solar.

La perspectiva a largo plazo

Las empresas tecnológicas apuestan a que el crecimiento de la IA justificará esta dependencia del gas natural. Sin embargo, la naturaleza finita del recurso y el potencial de perturbaciones plantean serias dudas sobre la sostenibilidad de esta estrategia. La fiebre de la IA ha expuesto las limitaciones físicas del mundo digital, y las consecuencias a largo plazo de esta apuesta energética siguen siendo inciertas.

En última instancia, las empresas de tecnología pueden llegar a arrepentirse de haber priorizado las ganancias a corto plazo sobre un futuro energético más sostenible.

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